¡Todos Contra Todos! ©


Ben Bustillo – Prohibited its reproduction
La falta de una ideología pura en los partidos políticos colombianos y la facilidad con que se puede conformar una asociación bajo un amparo jurídico bautizándolo como tal, es quizás una de las tantas causas por lo cual Colombia vive el caos en que se encuentra.
Cuando generalmente en sociedades más civilizadas los ex presidentes se retiran y se concentran más en escribir sus biografías, obras sociales, o cabildeando dentro de las políticas de sus partidos con tonos más bajos que el presidente a cargo, en nuestro país son centro de un descarado enfrentamiento para demandar su cuota política. ¡Qué descaro!
No se dejen engañar con sus arengas. De eso es que se trata todo. Al usar herramientas metafóricas dependiendo de su arena pública, se desenmascaran rasgando sus túnicas putrefactas por el ansiado poder.
Los últimos escenarios políticos seguidos por las diversas fuentes periodísticas enlodadas con su favoritismo, muestran a Samper, Pastrana y el de siempre Uribe enfrentados los unos contra los otros. Hoy se quieren, mañana son enemigos de muerte.
Una de las armas o utensilios de los gobernantes es la manipulación y el torcimiento de brazos con información secreta de actuaciones presidenciales anteriores para atormentar a quienes se conviertan en antagónicos y lograr su silencio o alineación a lo pactado anteriormente. A Pastrana claramente no le gustó que le tratasen de imputar responsabilidades directas en la determinación jurídica de la Corte de La Haya en el caso San Andrés con Nicaragua, ni que nombraran a Mónica de Greiff en la cámara de comercio; porque a lo mejor quería este puesto como pago a su cuota burocrática por pertenecer a la alianza política gobernando actualmente. O tal vez tendrá otras razones. Lo cierto es que su enfrentamiento está adoptando un tono similar al de Uribe.
Samper es parte de la alianza gubernamental Santos y por eso tercia en su favor. Hasta ahora mientras continúe recibiendo los beneplácitos de sus cuotas burocráticas, será del consenso. Pero conociendo las tenebrosas y dantescas ramificaciones de los políticos colombianos, lo más seguro es que más tarde terminen bajo las sábanas conyugales quienes son enemigos ahora.
Santos fue ministro de Pastrana y Uribe mostrando que hubo afinidad entre ellos. ¿Qué es lo que hace cambiar estos amoríos? Si hacemos una analogía a estas relaciones con el divorcio de una pareja, las hay donde se terminan todo tipo de contacto, los asiduos por los hijos, y aquellos donde el amor se convierte en odio.
La de Uribe - Santos es hasta ahora definitivamente el rompimiento de su relación, es a muerte y de una repugnancia hacia cada cual que trasciende sobre los pasillos de la punta de la guajira hasta el más ínfimo rincón de la selva amazónica colombiana. Pero no crean que está terminada del todo; donde hubo fuego cenizas quedan, dicen los adagios viajeros del tiempo.
El desprendimiento de Santos a la formación derechista de Uribe, a la de su seguridad democrática y el querer expandir sus propios criterios de gobernabilidad, es lo que hace romper estos amoríos. ¿Qué podría hacer que estos dos reconciliaran sus puntos de convergencia? Porque por seguro tuvieron canales de comunicación anteriormente. Por ahora solo queda sentarse y esperar y reemplazar las velitas a todos los santos que los curas tienen en todas sus iglesias.
Pastrana está enojado con Santos, no bravo, no peleado a muerte. Simplemente está disgustado por no haber recibido algo que él creía merecer. Y sus actuaciones son las del niño divorciado que se une a su papá cuando su mamá no le concede lo que quiere, y sabe como utilizar las herramientas que producen los divorcios. ¿Podría aliarse a Uribe en un futuro cercano? Lo más sensato es que no, pues el partido conservador es tradicional y de muchos años de edad; centro democrático no tiene siquiera personería jurídica. Es un partido de conveniencia nacido con el propósito de usufructuar del erario nacional.
Aquí es donde deberían de entrar las definiciones de las ideologías partidarias y el enforzamiento de algún tipo de leyes que intercedan con sanciones a quienes manipulan una orientación política. Uribe nunca ha sido liberal; se ha disfrazado como tal, pero su proceder es bien distinto a esta formación. Analizando sus políticas de querer penalizar el uso de la droga (aunque ahora aparentemente cambió de parecer basado en lo que el presidente Obama dijo en Cartagena de no encarcelar a quienes la usan), andar con la pistola colgada a su cadera disparando contra todo lo que se mueve, su razonamiento erróneo hacia el matrimonio gay cuando dijo en una entrevista a CNN en español que la Constitución colombiana rechazaba estas uniones familiares cuando en realidad las incluye, definitivamente lo define como tradicional conservador extremista.
No es centrista como pretende ser, pues si lo fuese, hubiese manifestado que “su fuero interno no le permitía aceptar el matrimonio gay ni el que adoptaran hijos”; pero si el consenso nacional era el de aceptar su aprobación, lo aceptaría; si su acercamiento a los dogmas religiosos que refleja en sus constantes trineos en contra de una mayoría fuesen apaciguadores en vez de incendiarios; y para terminar, si estuviese buscando como sacarle ventaja al intento de Santos de negociar con los bandidos de las FARC, esto quizás lo hubiese puesto dentro de los límites centristas.
Además, la historia ha mostrado qué pasa después de que se firman los tratados de paz. Solo basta analizar los países centroamericanos que pasaron bajo esos procesos. Pero no hay que ir tan lejos, miren lo que les pasó a los paramilitares.
Santos es un poquito de cada grupo, pero de ningún partido. Baila al son que le toque el tambor. Pastrana, es conservador, pero su mismo partido está bifurcado en varias creencias o reverencias a individuos con votos suficientes para diferir con sus pataletas de niño malcriado.
La discordia principal ahora es el proceso de paz con las FARC y la reelección de Santos. Uribe quiere continuar su guerra sucia contra ellos, Pastrana dice que el pueblo colombiano no eligió a Santos para este mandato, y Samper le responde a Pastrana diciéndole básicamente que no escupa para arriba porque le cae en la cara. Santos debe continuar con el logro de un acuerdo con las guerrillas.
Si se llegara a formalizar un tratado de paz con ellas, es necesaria su reelección para implementar esos acuerdos, gústele a quien le guste o no. Pero si fracasasen, las responsabilidades se le pueden atribuir a la  maliciosa guerra sicológica emprendida por Uribe y ahora seguida por Pastrana.
Sin una institución que rija los partidos políticos y sin leyes que los definan ideológicamente, el tránsfugo continuará motivado por las ganancias grupales del conteo de votos.

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