Extradición, un Negocio que Paga ©
Ben
Bustillo – Prohibited its reproduction
Claramente el gobierno colombiano se declaró inepto de poder juzgar a
sus compatriotas en el área del narcotráfico, paramilitarismo, lavado de
dinero, al extraditar a sus conciudadanos a Estados Unidos bajo el largo brazo
de la justicia estadounidense con códigos hechos especialmente con este
propósito. Y a lo mejor se les da por reformar nuevamente la constitución del
91 para añadir el delito de tener pecueca, si se le pudiera tildar de delito.
Lo incompatible resulta que la misma constitución que vela por un
derecho fundamental del debido proceso sea violado para fomentar una nueva
industria que permita una forma de lavado de activos, una cárcel con todas las
comodidades posibles (si es verdad que están presos) y al final de cumplir la
condena, supuestamente, a gozar de una transformación cívica y civil que les
corresponde como segunda oportunidad a los “reformados,” nuevamente millonarios
y libres de gozar de sus delitos pasados.
Al aparentemente quebrantar el acuerdo de desmovilización de los
paramilitares en el gobierno de Uribe, éste los embarcó en un avión y los envió
a Estados Unidos para ser juzgados, condenados y pagaran sentencia en este
país, a un sistema judicial tan corrupto como el de cualquier nación del mundo
que diga ser demócrata. Es parte del precio que se paga en un sistema tan
putrefacto como el olor a muerte descompuesta. Aquí hay gato encerrado y debe
haber algo que desconoce el público. ¿Porqué algunos de ellos están tan
calmaditos y callados?
A lo mejor eso es lo que quiere Uribe que Santos haga con los
guerrilleros de las Farc; un acuerdo en donde se extraditen sus cabecillas
hacia Estados Unidos, purguen sus condenas y enriquezcan las arcas de Estados
Unidos al confiscar dineros, propiedades y raíces genealógicas, si pudiesen, y
luego regresen a Colombia a vivir la vida loca. ¿Pero sería esto posible?
Primero, ya hay un historial de acuerdos con otras facciones
antigubernamentales en Colombia creando tradición a la descomposición de esos
convenios, como matanzas, encarcelamientos, desapariciones y algunas otras
cosas que han sido desapercibidas para el ciudadano común.
Estos antecedentes, que son herramientas utilizables para las Farc en
sus negociaciones, las emplean para presionar a los negociadores de Santos
quienes naturalmente tienen que aceptar hasta lo máximo posible. ¿Justificable?
Sí y no. Sí, porque se está obteniendo el beneficio económico que significa el
fin del conflicto. Y no, porque quizás se les estén adjudicando demasiados
derechos a los patrocinadores de la seudo llamada “justicia social” que solo
les pertenece a estos delincuentes comunes.
Las renumeraciones económicas para esta nueva industria creado por el
“caudillo redentor” para ciertos abogados estadounidenses con las capacidades é
influencias de lograr beneficios para los “extraditables,” el juego del
intercambio de información entre los sistemas policiales de ambas naciones, las
garantías que le dan a los acusados, las confiscaciones de propiedades y
dineros son indicios de la malicia indígena colombiana, añado a la política y,
como buen costeño, tengo que alertar la de la cachaca. Son tan traicioneros
como el añadir la papa a todos sus alimentos.
La entrada al mundo de las prisiones de estos individuos es difícil de
comprobar para la población general; y la negación de proveer información sobre
los mismos convierte en un misterio la suerte que corren en el sistema
presidiario de Estados Unidos. Si tratas de obtener información de alguno de
ellos, aún tengas su número asignado, se te es casi imposible; y hasta
represalias o amedantramientos pueden conseguir quienes se atrevan a investigar
sobre su paradero.
Es una buena industria para todos, el traficante, paramilitar, lavador
de dinero, gobiernos, abogados, sistemas judiciales, y presidarios. Es más,
empatando este negocio con las ideas evolucionistas, se puede decir que el
negocio de ser delincuente colombiano ha cambiado hasta el punto de que ofrece
amnistía siempre y cuando hagas suficiente dinero para comprar la extradición.
Es un negocio redondo y beneficial para quienes escogen la vida delictiva. Como
el ser político, narcotraficante, paramilitar, guerrillero. Hasta alcalde de la
capital pueden llegar a ser. ¡Eso es ser evolucionista sistemático!
Y con la paz firmada, probablemente, hasta asientos en el senado y el
congreso sean regalías que produce la vida delictiva. Lucra ser antisocial en
Colombia. Y siempre y cuando no se hayan hechos cargos formales en tu contra,
hasta magistrado de la corte constitucional puedes llegar a ser. Si no,
pregúntele a Rojas Ríos y a Santos que lo posesionó “discretamente” en su propio despacho pasando por alto
protocolos.
Es imposible no pararse por un minuto y analizar circularmente lo que el
país está viviendo. Reelecciones de alcaldes y gobernadores, la del presidente
Santos si se lanza o no, las negociaciones con las guerrillas, la oposición de
Uribe y sus alianzas con antiguos rivales, el poder político que ejercen las
iglesias y la conversión del negocio de las extradiciones. Todos estos
elementos, además de la inseguridad incluyendo la de los periodistas, tienen
que hacer reflexionar al pensamiento ético de la moral que tenemos como
individuos.
Siempre pensé que el derecho constitucional del individuo de tener su
debido proceso era intocable, el cual es completamente tergiversado en la
enmienda de la constitución del 91, convirtiendo en traidores de la patria a
sus organizadores y ejecutantes de dicha ley.
Al analizar esta nueva industria con el total de 1.211 (cantidad en el
2010) y 126 en lo que va este año del 2013, el 75% son por delitos de
narcotráfico. Al avalar estos procesos enviándolos a Estados Unidos, Colombia
pierde demasiado; jurídica, y económicamente. El país no recibe un peso de lo
que se le quite a estos delincuentes. Y como es así, sería mejor que fuesen
juzgados y pagasen sus condenas acá que en un sistema judicial tan corrupto
como el nuestro. ¿Cuál es la diferencia?
Por lo menos acá crearía más prisiones que son tan necesitadas, trabajo
y más cinismo ante nosotros mismos al declararla anticonstitucional nuevamente,
más por intereses económicos que por otra razón. Además, serviría como
instrumento de negociación con los guerrilleros garantizándoles una justicia,
condena y purgamiento rápido para callar a los enemigos de la consecución de la
paz.
En mi opinión, la extradición no debiera existir porque es una violación
al derecho constitucional del debido proceso y es una traición al colombiano.
¡Revóquenla!
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