Hoy Tuve Ganas de Ti ©
Ben
Bustillo – Prohibited its reproduction
No como lo dice la canción de querer regresar a esa aventura del poco
tiempo que compartimos. ¡No! Hoy tuve ganas de ti para recordar los pocos meses
que nos quisimos y de las pequeñas locuras que juntos hicimos; nada del otro
mundo, solo la de un par de jóvenes que cruzaron sus miradas y se encontraron
en la profundidad de sus ojos; los
tuyos negros reflejando un querer de corazón envueltos en pasión, los míos
inexpresivamente grises revueltos con verde de esperanza de que fueras aquella
eterna con quien ser, pero lejos perdidos en el espacio de la vida.
Nos conocimos en una institución que tuvo poca vida conocida como
Universidad Barranquilla. Fue un desprendimiento de la entonces Universidad
Autónoma del Caribe, y de ahí se fusionó con la Universidad Simón Bolívar. Tú
estudiabas Comunicaciones; yo asistía a clases cuando quería. Conocía a la
directiva, Camilo Monroy, (vivía al lado de mi casa en el Paraíso, y Abel Ávila
del mismo pueblo de los viejos) de tal manera, que cuando mi papá pagó el
semestre, les pedí una devolución, y me la dieron. Se suponía que estaba
matriculado en la misma carrera, pero mi mente estaba lejana en ese entonces de
desempeñarme como tal. Tú estabas más adelantada porque eras parte de la
partición de la Autónoma, yo apenas comenzaba, pero era de más edad que tú.
Tenías un novio con quien terminaste inmediatamente floreció nuestro
romance. Solo se necesitó esa mirada que siempre te daba y tú respondías
atraída por mi hechizo. ¡Tiempos aquellos de inocentes entregas! Eran ingenuos
porque no existían las cantidades de basuras que nuestra juventud tiene que
enfrentar ahora. Pero para nosotros los adultos los tiempos pasados siempre
serán los mejores. Así dirán nuestros hijos cuando tengan la edad que tenemos
ahora.
No recuerdo bien la primera vez que salimos o estuvimos juntos. Pero sí
recuerdo tres episodios importantes para mí que permanecieron o hicieron un
cierto tipo de marca que todavía se perseveran frescos, hasta el punto de tener
hoy ganas de ti.
Uno de ellos, cuando nos fuimos una noche a la playa, creo que fue a
Sabanilla, o a una que estaba cerca de Bocas de Cenizas. Íbamos con otra pareja
de amigos que se perdieron a hacer lo suyo una vez nos bajamos de la camioneta
verde Chevrolet 1953 testigo de muchas historias de mi juventud. (Este carro
tuvo su historia tipo montaña rusa; unas veces toda demacrada por el uso en las
carreteras costeñas de ese entonces, y otras, nuevecita recién reparada con
nuevas llantas y de color brillante. Siempre verde oliva.)
Volviendo a nuestra historia, nos quedamos solos y nos comenzamos a
besar. Y en el medio de demostrarnos nuestro amor, en esa choza desolada y
desierta por las horas de la noche, encima de una mesa rústicamente fabricada,
se destrozó y caímos rodando por el suelo donde continuamos nuestra pasión.
Otras veces nos íbamos a la finca de Juan Mina y te quedabas conmigo los
fines de semana, y creo que hasta una vez cocinaste para mí. Estabas en una
pijama baby doll cortita mostrando tus piernas esbeltas llenas de juventud.
En uno de nuestros tantos días juntos me diste una noticia que hasta el
día de hoy abruma mi moral por ser lo que fui en ese entonces contigo, un
cobarde incapaz de enfrentar la realidad del momento. Me dijiste que estabas
atrasada en tu período y que había probabilidades de que estuvieras embarazada.
Nos pusimos una cita para llevarte al doctor en un próximo día, y desaparecí de
tu vida. Así de fácil y sin vergüenza. Pero la incertidumbre permaneció por
años, y el querer saber el final de ese desenlace me persiguió por un buen
tiempo de mi vida. Este es el segundo episodio por el cual hoy tuve ganas de
ti.
En uno de mis viajes a Barranquilla, la necesidad de saber me hizo
contactarte. Yo ya me había casado y tenía mis hijos. Tú, eras famosa,
reconocida en tu profesión y se me hizo fácil encontrarte. Llamé a tu trabajo.
La primera vez me dijeron que no estabas, y me dieron tu horario. La segunda
vez, pasaste al teléfono, y cuando me identifiqué, solo quedó un silencio
profundizado provocado quizás por las viejas memorias del lado de tu línea. Al
recobrarte del impacto, comenzamos a charlar banalmente por varios minutos,
hasta que disparé mi pregunta y te di la razón de mi llamada. ¿Qué pasó?
¿Estabas embarazada? Y la respuesta vino tranquilamente diciendo que no. ¡Fue
una falsa alarma!
Tuve dos suspiros internamente: el primero, de tranquilidad por saber
que no había dejado un hijo tirado por la calle, y el segundo de tristeza,
porque un hijo tuyo y mío hubiese sido una bendición. Este es el tercer
episodio por el cual hoy tuve ganas de ti.
Sigues siendo famosa, felizmente casada, con hijos y nietos, y desde la
distancia me alegra tu estabilidad; porque conmigo, hubieras tenido una de
zozobra y desespero debido a la montaña rusa que ha sido mi vida. He tenido más
alegrías que tristezas, pero no hubiésemos terminado juntos. Como la realidad
que es, pero sin sabores agrios.
Hoy tuve ganas de ti, pero no de la forma como dice la canción. Hoy,
tuve ganas de recordarte y dedicarte estas letras que ojalá leas. Hoy, sentí la
necesidad de decirte feliz día de la madre, y añadir otra persona a mi lista
cercana de las únicas dos madres incondicionales que conozco, mi hija y mi
nuera. Hoy, te añado a esa lista por este año públicamente; pero en los
próximos, recuerda que estás en esa lista.
¡Feliz día de la madre! Episodio número desconocido de la inmensa lista
que cubre varias páginas de mi libro de la vida, pero una de las preferidas.
Por eso, hoy tuve ganas de ti, no como dice la canción, sino para recordar que
fuiste un capítulo en mi vida que me encanta conmemorar...
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