Preguntas de un nieto ©
Ben
Bustillo – Prohibited its reproduction
Con el jardín de fondo de árboles frondosos,
El lago susurrando sonidos de quietud y paz,
Por el sendero de un camino de preguntas y respuestas,
Me preguntas, “¿Abuelo, qué es el amor?”
Divago por las miles de letras leídas,
Repaso la vida llena de experiencias de todas clases,
Teorizo, vacilo, ¿diré verdades en mi tono o las cubriré con velo?
Elevo mi mirada al cielo buscando una respuesta apropiada,
No es un hijo a quien dices cualquier cosa desde la imagen del ídolo de
barro,
No eres responsable de plantar semillas sin germinar en campos del hijo
ajeno,
Eres un abuelo, que ha recorridos senderos de rosas negras con espinas
malolientes...
No, esta vez, las astillas se sacan con todas las raíces,
Se destrozan con las fuerzas de los dedos
Reduciéndolas a una nada,
Y se suaviza la respuesta,
Del abuelo viejo a su nieto amado, un niño con páginas en blanco.
Con voz gruesa y entrecortada, comienzo a responder:
“El amor, mi nieto amado,
Es aquel que se siente de varias formas,
Dependiendo del otro ser amado.”
“Es aquel que sientes por hermanos y hermanas si las tienes,
Es el otro aquel que se siente por los amados padres a tu lado,
El especial que tienes por amigos y amigas en tu crecer,
Con los que compartes sueños, historias y momentos de ternura o soledad;
el de los primos que se juntan en el principio,
que luego desaparecen en juventudes locas o muy sanas,
y que más tarde revierten a tus campos con memorias de tiempos idos,
y que abrazas con ansias de regresar a lo vivido...”
“Es aquel que sientes por una niña en tu niñez,
O aquel otro en tu juventud floreciendo pasiones inocentes
De enseñanza de tu cuerpo con el de ella en fusiones fulgurantes,
El amor que sientes por la vida,
O por el suave murmullo de las olas en una noche de estrellas y de
luna...”
“Y por último, mi nieto amado, es aquel que sientes por las manos
arrugadas
y pecosas con el tiempo,
el del pelo blanco y caminar cansado sonriendo a tu mirada alegre,
es el de aquel, querido nieto, que le tienes a tu abuelo,
que está sentado a tu lado dando sombra a tu cara,
protegiéndote de los ángeles malignos,
que desconocen la pureza del amor al ser amado...”
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